“Magnifica humanitas”: León XIV propone “desarmar la IA” y orientarla al servicio del bien común

 

 

Aceprensa. Si humanidad somos todos, la custodia de la dignidad humana en la era de la IA es también responsabilidad de todos.

 El acto de presentación de Magnifica humanitas ofreció un anticipo del espíritu que recorre la primera encíclica de León XIV. La participación del cofundador de Anthropic –una de las corporaciones más importantes del universo de la inteligencia artificial (IA)– y la presencia inédita de un Papa en la presentación de un documento suyo, convirtieron al Aula Nueva del Sínodo en el escenario de lo que podría haberse interpretado como un pacto entre partes. Pero según la cosmovisión de un pontífice que tiene como lema la unidad, no hay distinción entre “unos” y “otros”. Si humanidad somos todos, la custodia de la dignidad humana en la era de la IA es también responsabilidad de todos.

Así como Rerum novarum se convirtió en un hito del pensamiento social cristiano por la lectura que León XIII hizo de la Revolución Industrial y de su impacto en el futuro de la humanidad, la promulgación de la primera encíclica de León XIV no deja dudas sobre la comprensión que tiene de su pontificado, y de la trascendencia que tendrá este documento en el conjunto de la enseñanza social de la Iglesia.

Fechada intencionadamente el 15 de mayo, a los 135 años justos de Rerum novarum, la encíclica Magnifica humanitas traza un diagnóstico del desafío que representa para la dignidad humana un cambio de época signado por la revolución de la IA. Pero a diferencia de León XIII, que con su encíclica inauguró la doctrina social de la Iglesia (DSI), el nuevo documento, compuesto por cinco capítulos y 245 puntos, además de recoger las enseñanzas de sus predecesores, es el resultado de un diálogo con los referentes de los sectores que están influyendo hoy en el destino de la humanidad. En este sentido, el medio escogido para la composición de la encíclica es el mensaje: la protección de la dignidad humana es una valiente responsabilidad compartida.

Ofrecemos cinco claves para introducir su lectura, y un resumen de los contenidos que presenta cada uno de los cinco capítulos.

1. El documento que da sentido a la elección del nombre León XIV

El 8 de mayo de 2025, cuando se escuchó el nombre del nuevo Papa, los entendidos pudieron aventurar que el flamante pontífice seguiría las huellas de León XIII y afrontaría la revolución de su época. En el evento de presentación de Magnifica humanitas, el mismo Papa se ocupó de trazar la conexión señalando que fue “en un momento de inflexión histórica que amenazaba la dignidad humana” cuando su predecesor alzó la voz con la encíclica Rerum novarum. León XIV añadió: “Hoy nos encontramos ante una transformación de magnitud similar, con consecuencias quizás aún mayores. La inteligencia artificial ya incide en muchos ámbitos de nuestra vida y afecta a las decisiones que configuran la convivencia humana.” Además, confió que, “al igual que el anterior ‘León’, me siento llamado a contemplar otra gran transformación con ojos de fe, con la lucidez de la razón, con apertura al misterio y con los gritos de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón”.

2. La dignidad humana en el centro

El título lo anticipa y el subtítulo lo subraya: la primera encíclica social de León XIV trata sobre la magnífica humanidad creada por Dios y “la custodia de la dignidad humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Esta decisión marca el tono de un documento que, sin dejar de señalar los riesgos y amenazas de la revolución tecnológica, resalta sus aspectos positivos, que son manifestación de la grandeza del ser humano y sobre todo de su Creador.

3. Un eslabón en la cadena de la enseñanza social de la Iglesia

La decisión de firmar la encíclica en el aniversario de la publicación de Rerum novarum es uno de los elementos que inscriben esta carta dentro del magisterio de la DSI. El texto reúne además numerosas citas de sus predecesores, y hace especial hincapié en las enseñanzas de san Pablo VI y san Juan Pablo II. Recoge además varios puntos de Caritas in veritate, de Benedicto XVI, y parte de un diagnóstico compartido con su predecesor inmediato, el Papa Francisco, quien definió este tiempo como el de un “cambio de época” caracterizado por lo que denominó una “policrisis.

Es cómodo, advierte el Papa,  demonizar las nuevas tecnologías, pero también lo es valorarlas sin más como neutrales

4. Ni apocalípticos ni neutrales: responsables

Magnifica humanitas es un llamado a salir de dos posiciones opuestas que coinciden en un punto: la comodidad. Es cómodo demonizar las nuevas tecnologías, pero también lo es valorarlas sin más como neutrales. León XIV dirige un llamado a asumir un compromiso responsable y valiente por inclinar al bien la arquitectura y el uso de la IA, y ese empeño es tarea de todos.

5. Un documento que nace de la conversación con todos los sectores implicados

La presencia de Chritopher Olah, el cofundador de Anthropic, fue representativa del abanico de conversaciones que el Vaticano mantiene con múltiples sectores involucrados en el desarrollo de la revolución tecnológica, y que han nutrido las reflexiones de Magnifica humanitas. En sus palabras, Olah reconoció que ante la presión que tienen los laboratorios de IA por “mantenerse comercialmente viables y permanecer en la vanguardia de la investigación”, es necesaria la existencia de voces que, ajenas a esos incentivos, adviertan los riesgos y “asuman la labor de discernimiento”.

 

Cinco puntos que resumen el contenido de “Magnifica humanitas”

El ritmo de la encíclica es un in crescendo. Una vez presentados los fundamentos y los principios de la DSI, avanza describiendo los rasgos del paradigma tecnocrático y las exigencias irrenunciables para la custodia de la dignidad humana, y concluye con una disyuntiva que no deja a nadie indiferente: la deshumanización o la construcción de la civilización del amor.

“La IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la doctrina social de la Iglesia”

Capítulo 1: Un pensamiento dinámico y fiel al evangelio

El primer capítulo ofrece una síntesis del recorrido de la DSI desde el siglo XIX hasta el día de hoy, escogiendo algunas líneas que evidencian la continuidad de la encíclica con las enseñanzas de sus predecesores.

A su vez, destaca el carácter dinámico de la DSI, ya que cada época presenta novedades que suscitan en la Iglesia preguntas que pueden responderse a la luz del Evangelio. Por eso, León XIV aclara que “también la IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la doctrina social de la Iglesia y exige un mayor desarrollo de la misma, en fidelidad al Evangelio”.

Advirtiendo el riesgo de que estas enseñanzas puedan interpretarse como una injerencia de la Iglesia en cuestiones temporales o como “un código ético externo que se aplica arbitrariamente”, el pontífice aclara que la DSI “surge de una Iglesia que camina con la humanidad, reconoce la autonomía de las realidades terrenas y la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política y, precisamente por eso, aspira a servir al bien común”.

Capítulo 2: La DSI, un examen de conciencia para la Iglesia

Luego de hacer un recorrido por los fundamentos y principios de la DSI, sobre los que presentará las reflexiones posteriores, León XIV añade al final de este capítulo un punto que le “preocupa de manera particular”: la aplicación de la DSI en el interior de la Iglesia misma.

Se centra en tres principios: subsidiariedad, solidaridad y justicia. Señala la subsidiariedad como “un criterio de gobierno y de vida pastoral, que reconoce y sostiene la responsabilidad de los fieles y de los cuerpos intermedios eclesiales, valorando carismas y competencias, y evitando todo paternalismo que sofoca la libertad evangélica”. Respecto a la solidaridad, explica que “nace de la comunión en la fe y en los sacramentos”, y se detiene más extensamente en el modo de vivir la justicia en la Iglesia, vinculándola a la sanación de las relaciones y las estructuras eclesiales “de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos”. Reconoce que “la escucha de las víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia es parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención”.

Capítulo 3: Transformar las formas de poder concentrado en formas de poder compartido

Como han hecho sus predecesores, el Papa alienta a “no tener miedo de dejarse interpelar por la realidad”, y “asumir con firmeza la propia responsabilidad en la construcción de una sociedad más humana y fraterna”.

León XIV señala como preocupante “la concentración de poder en el mundo digital”

Luego de esa exhortación, describe uno de los principales y más preocupantes rasgos de la revolución tecnológica actual, que es “la concentración de poder en el mundo digital”, y sugiere juzgar ese escenario desde los grandes principios de la DSI para “verificar si el poder de las infraestructuras digitales y de los algoritmos favorece realmente la participación y la responsabilidad, protege a los más vulnerables, asegura un acceso equitativo a las oportunidades y se ordena al bien de todos”.

Advierte además que las IA modernas están más “cultivadas” que “construidas”, es decir, que “los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA crece”. Esto supone un compromiso doble y urgente: “Por una parte, una profundización de la investigación científica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual”.

Expone el vínculo que existe entre estas tendencias que pretenden la superación de lo humano y las corrientes transhumanistas y posthumanistas.

En este capítulo utiliza la expresión “desarmar la IA”, explicando que significa “sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva”. Añade que supone también “romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar”, y aclara que “no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano”.

En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una “ecología de la comunicación” para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de “homologación y dominio”

Capítulo 4: Custodiar lo humano es custodiar la verdad, la libertad… y el trabajo

Este capítulo está dedicado a profundizar en las repercusiones concretas de la transformación tecnológica y hace un llamamiento a redescubrir la verdad como bien común, a proteger la dignidad del trabajo en esta “cuarta revolución industrial” y a salvaguardar la libertad frente a toda dependencia y mercantilización.

En relación con el entorno digital, explica que la verdad debe plasmarse en una “ecología de la comunicación” para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de “homologación y dominio”, sino en un espacio de maduración para la “libertad interior y el pensamiento crítico”. La transparencia en los criterios de selección de contenidos, la protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, son algunos instrumentos que pueden contribuir a una nueva conciencia en el uso “correcto y crítico” de la IA.

En este capítulo, León XIV hace un llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague “el deseo de hacer preguntas”.

Capítulo 5: La cultura del poder y la civilización del amor

Podría decirse que el último capítulo está dedicado al primer tema que ha impactado en el pontificado de León XIV: la realidad de un mundo en guerra.

El Papa evoca a Pablo VI, que, en un mundo “marcado por la Guerra Fría, la carrera armamentista y fuertes desequilibrios económicos”, introdujo la expresión “civilización del amor”. Con esa expresión, explica León XIV, “la Iglesia indicaba un camino alternativo a la oposición ideológica entre sistemas, imaginando un orden social en el que la justicia y la caridad se entrelazan y el amor se convierte en principio de organización de la vida económica, política y cultural”.

Identificado con el Papa Montini, León XIV pide recuperar esa visión con la fuerza y la convicción de que “la civilización del amor no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente”.