¿Hacia dónde va nuestra sociedad? ¿Y hacia dónde voy yo?

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ReL. Sí podemos cambiar nuestro pequeño mundito, ese que nos rodea en casa, en el trabajo.
Baja la velocidad ambiente, y esto también facilita que nos paremos a pensar, que aprovechando el descanso echemos la vista en torno al pasado, al presente y al futuro.

 

El verano es un tiempo para descansar, pero también para pensar. Bajan el ritmo apremiante de las actividades, la lista interminable de pendientes, las prisas por llegar a tiempo a tantos compromisos, reuniones, actividades… Baja la velocidad ambiente, y esto también facilita que nos paremos a pensar, que aprovechando el descanso echemos la vista en torno al pasado, al presente y al futuro.

En ese pensar vemos que nos rodea mucho ruido, quizás demasiado. Hace pocos días en España abundaban las celebraciones por la victoria en el Mundial; banderas, cantos, festejos, celebraciones. Dos millones de personas, dicen las crónicas, acompañaron a la selección española en su paseo triunfal por Madrid. Hermoso, pero ya pasó. Ha dejado su marca en los futbolistas, en el deporte español, pero en la mayoría de los casos ya se ha convertido en un recuerdo más de nuestro pasado.

Nos rodea también mucho ruido político, mucha polarización, disputa, y demasiada corrupción. Siguen apareciendo escándalos y más escándalos, y las declaraciones poíticas se multiplican. Declaraciones que en muchos casos, antes de escucharlas, ya sabemos el contenido y la orientación que van a tener. Nos guste o no, es un tema en el que somos espectadores, y poco, o muy poco podemos cambiar.

Nos circundan, y a veces se acercan peligrosamente, incendios y olas de calor. Asistimos impotentes, y a veces un poco indignados, a las leyes de la naturaleza que elevan la temperatura, que extienden los incendios. Nos rodean también muchos hobbies veraniegos, celebraciones, festivales. Momentos de locura celebrativa que duran un fin de semana, unos días, y después se acaban, como pasa en cualquier espectáculo de fuegos artificiales.

Mucha vida externa, mucho ruido. Y en el fondo de nuestra alma, en aquello que san Agustín llamaba «interior intimo meo», lo más interior de mi interior, ¿qué nos encontramos? Antes aún, ¿encontramos algo? ¿Nos encontramos a nosotros mismos? El mismo obispo de Hipona, San Agustín, nos recuerda, como resumen de su experiencia vital: «Inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti».

¿Cuál es ese descanso que anhelamos, clave también en el descanso veraniego? Es un tema más cardiaco que físico, o para decirlo más claramente, es un tema más del corazón que del cuerpo físico. Y la clave de ese descanso, descanso humano e integral, es sabernos amados y ser felices amando a los que nos rodean.

La mayoría de las personas, y en la mayoría de las grandes situaciones sociales, podemos hacer muy poco. No somos gobernantes ni nos sentamos en las mesas donde se discuten acuerdos internacionales, estrategias geopolíticas o cosas por el estilo. No somos «influencers» o periodistas que nos escuchan millones y millones de personas.

No podemos cambiar «el mundo», en su globalidad y complejidad, pero sí podemos cambiar nuestro pequeño mundito, ese que nos rodea en casa, en el trabajo, entre nuestro pequeño grupo de amigos. Y ese pequeño cambio es el que se irá multiplicando, para producir silenciosamente el cambio en nuestro mundo.

En cualquier bodega de vino, la parte proporcional más pequeña, más escasa numéricamente, son las levaduras. Sin embargo, ¿qué sería de esos cientos y cientos de litros sin esas pequeñas levaduras? No serviría de nada todo el elaborado proceso de producción del vino, desde la plantación y el cuidado de las vides hasta el embotellado y su posterior distribución

Es el pequeño grano de arena que parece no hacer nada, pero que ayuda a hacer montón. Así es como han ido cambiando las sociedades, para bien y para mal, y así es como el ejército de los anónimos conquista silenciosamente el mundo.