Misión. Cada vez se habla más del papel de la mujer en la Iglesia y, a veces, se insinúa la duda de si algún día la mujer podría llegar a recibir el sacramento del Orden Sacerdotal…
Sin embargo, basta volver a los orígenes, a la esencia del ser femenino y masculino, para descubrir que la mujer está llamada a ejercer el sacerdocio común que a todos los fieles se confiere por el bautismo, pero no el sacerdocio ministerial conferido por el sacramento del Orden.
La profesora Carmen Álvarez Alonso, autora de títulos como Semántica del cuerpo y de la diferencia sexual (2017) y Teología del cuerpo y Eucaristía (2014), entre otros, esclarece con sencillez el modo como se entrega Nuestro Señor Jesucristo a su esposa la Iglesia en la Eucaristía, punto focal del ministerio sacerdotal, para concluir que “las palabras de la consagración puestas en boca de una mujer serían falsas” .
Pero vamos por partes. ¿Qué argumentos da la Iglesia para explicar por qué la mujer no está llamada al sacramento del Orden? ¿Qué importancia tiene que Nuestro Señor haya tomado un cuerpo masculino? ¿Y qué relación hay entre el ministerio sacerdotal y la entrega del cuerpo propia del varón o de la mujer? A todo esto responde la profesora Álvarez Alonso.
Dos argumentos clásicos
Álvarez Alonso comenta que los argumentos clásicos para explicar por qué una mujer no puede ser sacerdote son básicamente dos. El primero, explica, es que no hay base ni en la Sagrada Escritura ni en la Tradición de la Iglesia: “Cristo no llamó a mujeres para que hicieran parte del grupo de los doce.Y no por un olvido o un descuido, sino porque de esta manera nos estaba revelando algo”.
Así lo indicó Juan Pablo II en su carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis. Citando a Pablo vi el papa polaco quiso recordar que en Iglesia Católica no es admisible ordenar mujeres por razones fundamentales: “La práctica constante de la Iglesia, que ha imitado a Cristo, escogiendo sólo varones; y su viviente Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”.
El segundo argumento, afirma Álvarez Alonso, es que la Iglesia no puede conceder el sacramento del Orden a mujeres porque no tiene capacidad para hacerlo:“Aunque quisiera, no podría. Es como si una persona quisiera volar: no podría, porque no tiene esa capacidad… ”, afirma categórica.Y apuntilla:“El sujeto de este sacramento no es una mujer, sino un varón, y la Iglesia no tiene capacidad de alterar la substancia de ningún sacramento”.
A estos argumentos, Álvarez Alonso añade que desde la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II es posible dar un argumento más, que permite ver este tema con una imagen clara y de gran belleza.
El sacerdocio y el cuerpo
La clave, dice Álvarez Alonso, es empezar por preguntarse: “¿Qué significa el cuerpo del varón? ¿Qué significa el cuerpo de la mujer? ¿Y por qué cuando el Verbo asume la carne humana se encarna como varón?”. Ella apunta que el varón tiene un modo particular de entregarse a la esposa, dentro de la lógica de la -procreación, para generar una nueva vida. “El varón y la mujer no se entregan de la misma manera. Cada uno tiene una forma propia de entregarse. Lo propio de la entrega del varón es ese movimiento de salir de sí para entrar, de ir hacia el otro”.
Y puntualiza que esto se capta muy bien en el acto conyugal: “El esposo se entrega saliendo de sí y yendo hacia la esposa, entrando en ella. Y la esposa se entrega acogiendo dentro de sí al esposo”.
De igual manera, este doble movimiento de salir de sí (propio del varón) y de acoger en sí (propio de la mujer) que se expresa en el lenguaje del cuerpo, se encarna también en la historia de la salvación. “Cristo, el esposo, se entrega como se entrega el varón. Cuando el sacerdote toma la forma en sus manos (para consagrarla) y la muestra a su esposa la Iglesia, que está allí presente, dice: ‘Tomad y comed… esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros’. Estas palabras se las está diciendo Nuestro Señor a la Iglesia, por eso, puestas en boca de una mujer serían palabras falsas porque la mujer no se entrega así. La mujer no puede decir: “Esto que veis es mi cuerpo”, porque la mujer no se entrega así, se entrega acogiendo en sí el don del esposo”.
Por tanto, Álvarez Alonso puntualiza que el significado del cuerpo y de la entrega propia del varón y de la mujer es fundamental para entender el ministerio sacerdotal.
“Cuando el sacerdote dice: ‘Tomad y comed, esto es mi Cuerpo…’, es el propio Cristo entregándose a su esposa, la Iglesia”
En resumen, “las palabras del ministro en el momento de la consagración sólo las puede decir un varón. Si la mujer las pronunciara estaría mintiendo y por lo tanto esa Eucaristía sería nula. Y cuando el ministro se entrega a su esposa la Iglesia que está allí presente, la Iglesia acepta acogiendo dentro de sí el don del esposo. ¿Cómo? Comiéndolo. No hay manera de unión más profunda con el otro, con el cuerpo de Cristo, que comer Su Cuerpo”.
La batalla del cuerpo
Hoy en día está en juego el cuerpo. Esta batalla es la que se esconde en el fondo de la lucha por la “reivindicación” de la ordenación femenina. Por eso Álvarez Alonso asegura que “mientras sigamos diciendo que da igual que el hombre sea varón o mujer, o que da igual que el cuerpo sea masculino o femenino, nos hemos cargado la credibilidad del cristianismo y de la Eucaristía. Dentro de la batalla por la diferencia sexual está en juego la Eucaristía”, precisa.
“San Juan Pablo II hablaba de la Eucaristía como el sacramento de los esposos porque es el sacramento en el cual los esposos por excelencia, es decir, Cristo y la Iglesia, se entregan. Y se entregan, decía él, de la misma manera que se entregan los esposos en el matrimonio: en su cuerpo femenino o masculino”, señala. Por eso, esta profesora reclama que hoy urge que la mujer redescubra el significado del cuerpo femenino.
“Mientras sigamos diciendo que da igual que el cuerpo sea masculino o femenino nos estamos cargando la credibilidad del cristianismo y de la Eucaristía”
Álvarez Alonso está convencida de que explicar este argumento de la Teología del Cuerpo, tan visual y palpable, para ilustrar por qué en la Iglesia católica no es viable ni posible la ordenación sacerdotal femenina es fácil de comprender para creyentes y no creyentes. “Pienso que este es un argumento que puede ayudar a todos”, concluye.
¿Por qué llamamos a la Iglesia esposa de Cristo? El Catecismo explica que el mismo Señor se definió a sí mismo como “el esposo” (Mc 2, 19), que ama a la Iglesia uniéndola a Sí con una Alianza eterna. Y puntualiza que Cristo se ha entregado por la Iglesia “para purificarla con su sangre, ‘santificarla’ (Ef 5, 26) y hacerla Madre fecunda de todos los hijos de Dios”.
