La ministra, el aborto y la pregunta científica de la periodista: ¡atacar al mensajero!

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ReL. Con demasiada frecuencia hay preguntas que no se responden, o se responden mal, consciente o inconscientemente. Ante una pregunta se espera una respuesta, y no una repregunta o un ataque a la persona que ha formulado la pregunta.

La ciencia siempre ha crecido en base a preguntas y respuestas. La ciencia, desde sus orígenes, se basa en plantear una hipótesis y ver si esa hipótesis corresponde con la realidad o no. Es lo que hoy en día se llama “buscar las evidencias de esa teoría, o de su falsedad”. Y la teoría será cierta según esas hipótesis, lo diga Pedro, Juan o Pepita.

Hace pocos días ha vuelto a suceder esta “no respuesta” en la rueda de prensa de la presentación de la nueva campaña de promoción del aborto del Ministerio de Sanidad español…

Mónica García, ministra de Sanidad de España, fue interrogada por una periodista, que formuló dos preguntas muy concretas:

  • ¿A nivel sanitario se puede garantizar que el feto no sufre [en el aborto]?
  • ¿A nivel sanitario se puede garantizar que [el aborto] no deja algún tipo de secuela?
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La primera respuesta de la Ministra es “no entiendo la pregunta”. Es llamativo que una Ministra de Sanidad, médico de profesión, no entienda esta pregunta. 

¿Será que durante la carrera de medicina, sus 4 años de residencia y sus 11 de práctica clínica no ha oído conceptos como “sufrimiento”, “feto”, “aborto” o secuelas? 

Las preguntas, formuladas con precisión pero en un lenguaje muy asequible, son fáciles de entender para cualquier persona, cuanto más para una sanitaria.

La periodista repite la pregunta, y la sanitaria vuelve a expresar su no entendimiento. Sin embargo, parece que va entendiendo la pregunta, aunque en lugar de responder se encara con la periodista. 

“Yo no soy sanitaria», responde la periodista. Además, en una rueda de prensa no responden los periodistas; ellos son los que preguntan. El análisis de esta situación, dejando de lado cualquier ideología, es que la ministra “no sabe responder”, o mejor dicho, no quiere responder.

Finalmente la ministra se decide a responder, aludiendo a la carga ideológica de la pregunta. ¿Será que cuando no nos gusta la pregunta, preferimos descalificarla tildándola de ideológica? ¿No será esta una respuesta ideológica para evitar responder científicamente a una pregunta incómoda?

La respuesta es obvia, según la ministra. “Hay evidencia más que de sobra que demuestra [que no hay sufrimiento fetal]”. Aquella que no había entendido la pregunta, sin ninguna aclaración posterior, termina afirmando: “Por supuesto que no hay un sufrimiento fetal». 

Para no haber entendido la pregunta, parece que ha respondido con mucha precisión sanitaria. 

Otro punto a debatir es si esa evidencia está debidamente evidenciada, o es “un brindis al sol”, una afirmación sin más.

La evidencia científica disponible apunta a que el feto desarrolla respuestas fisiológicas y conductuales ante estímulos potencialmente dolorosos durante la gestación. 

Una revisión sistemática publicada en 2025, que analizó 17 estudios clínicos, encontró respuestas fetales directas ante estímulos nocivos desde aproximadamente la mitad del embarazo, mientras que otros investigadores han cuestionado que pueda descartarse una experiencia consciente de dolor antes de las 24 semanas.

 

Este tema ya hizo recapacitar, hace varias décadas, al Dr. Bernard Nathanson, quien pasó de ser uno de los grandes médicos abortistas a un defensor científico de lo obvio: el feto intenta evitar la presencia de las herramientas abortistas antes de que empiecen a arrancarle algunas de sus partes, o simplemente le empujen fuera del útero de la madre.

La precisión en la primera respuesta se le olvidó al afrontar la segunda pregunta. 

La periodista, periodista y no médico, le pregunta por las “secuelas” que puede dejar el aborto. 

Se ha discutido científicamente si se trata de un trauma o no, si médicamente puede circunscribirse a ese concepto médico. La pregunta es más sencilla: ¿puede dejar secuelas, efectos negativos, consecuencias no deseadas? 

Los científicos discutirán si se trata de un trauma o no. Al resto de las personas les basta con saber si puede tener efectos secundarios o no. Y a nivel existencial hay mujeres que sufren estas malas consecuencias. ¿Cuántas? ¿Cuánto tiempo? ¿Sufren un trauma? Que los investigadores lo investiguen.

 

La ministra concluye su intervención aludiendo a la libre decisión de las mujeres “Las mujeres son libres de decidir sobre su maternidad, su vida, y su cuerpo”. 

Ahora bien, ¿qué pasa con el cuerpo y la vida que llevan dentro, y que es distinta de su cuerpo? Supongo que, en las aulas de medicina, se sigue estudiando que el feto tiene un ADN distinto al ADN de la madre, se trata de un ser distinto, que necesita, como tú y como yo, oxígeno y alimento para seguir viviendo.

Me preocupa la defensa de la vida, pero me preocupa más el poco rigor científico ante una pregunta neutra (aunque incómoda). 

Sin honestidad intelectual, sin verdadero diálogo, convertimos cualquier opinión en ideología tiránica ante la cual solo cabe una postura: la ciega sumisión y el acallamiento de la razón.