La eutanasia en Canadá

De manera similar, el Tribunal Supremo de Canadá suspendió la prohibición de la eutanasia y del suicidio asistido en una sentencia de febrero de 2015, dando al legislativo un año para implementar la norma correspondiente. En ejecución de dicha sentencia, en mayo de 2016 el Parlamento de Canadá modificó el Código Penal mediante una Ley que contempla el derecho al suicidio asistido para mayores de 18 años con condiciones médicas irreversibles cuya muerte natural sea “razonablemente previsible” siempre que lo soliciten por escrito ante dos testigos, debiendo ser revisada la solicitud por dos médicos y enfermeras independientes y con un periodo de reflexión obligatoria de 15 días.

 

¿Y el caso de Ontario? En este caso se fomentó el MAID entre las personas no enfermas de cáncer para que puedan «dejar una herencia«, donando sus órganos como si fueran piezas de recambio para la sociedad de los sanos.

 

 

¿Y el de Alan Nichols? A los 61 años no tenía ninguna patología que le incapacitara, no era un enfermo terminal, solo sufría de depresión.

 

 

¿Y Roger Foley? Afectado por una patología neurodegenerativa, el hospital y el gobierno le dan dos alternativas: pagar más de 1.500 dólares al día por los cuidados que necesita, cifra que no puede permitirse, o «recurrir gratuitamente al suicidio asistido» («Pero yo quiero vivir, no quiero  morir»).

 

 

¿Y el de la Delta Hospice Society? El gobierno le ha retirado los fondos públicos a esta pequeña realidad que se dedica al cuidado paliativo porque se ha negado a asesinar con eutanasia a sus pacientes: «Estamos conmocionados. Lo hacen por dinero: la eutanasia cuesta menos que nuestros cuidados paliativos«.

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